Serglobin plantea una pregunta: ¿Estamos más informados gracias a Internet?

Nuestra respuesta a esta pregunta, sin ningún género de dudas, es que sí. Pero también la queremos matizar. Hay más información, es incluso más democrática, pero hay que saber filtrarla para averiguar si es veraz o no.
Los grandes medios tradicionales ofrecen confianza, tendemos a creer lo que nos cuentan, pero no tienen porque estar diciendo la verdad o toda la verdad. Todos estamos de acuerdo en que puede existir la manipulación o la realidad maquillada, pero los periódicos, radios, televisiones y portales digitales, aquellos medios hechos por periodistas, tienen en su base deontológica la misión de contar la verdad, de contrastar la noticia y dar altavoz a todas las partes. Esto es así en el origen y en el ideario, y queremos pensar que sigue siendo así, pero también somos conscientes de que no siempre se cumple por intereses económicos o políticos.

1

En la web 2.0, en apenas unos segundos, tenemos toda la información, o desinformación, que queramos. Pero partimos de una base distinta: todos y cada uno de nosotros podemos contar “noticias”. Pero lo podemos hacer desde perfiles falsos, escondidos en el anonimato, sin ningún control sobre lo que decimos, sin regulación,… “Los contenidos disponibles en esta red muchas veces carecen de rigurosidad, confiabilidad y credibilidad, lo que genera más desinformación que la construcción de una inteligencia colectiva”, así lo asegura Héctor Francisco Gómez en su ensayo ‘Desinformación en Internet y hegemonía en las redes sociales’. Este ingeniero en Sistemas de Información, eso sí, también apunta que “el ciberespacio también ha dado la oportunidad de crear espacios de participación pública, en el cual los ciudadanos cuentan con la posibilidad de establecer interacciones comunicativas interpersonales por todo el planeta y de manera inmediata”.
En otras palabras, la abundancia de información en Internet aumenta nuestras posibilidades de obtener conocimiento, pero también de consumir informaciones que son incorrectas. Para muestra un botón: todavía hay muchos norteamericanas que creen que Barack Obama no nació en Estados Unidos, cuando está más que demostrado que lo hizo en Hawai. Algunos hicieron su “trabajo” convenciendo al personal y caló que su origen no era tal. Hicieron de un rumor una noticia.
¿Por qué ocurren casos como este? Porque solemos “dar por supuesta la veracidad de las informaciones que consumimos, a no ser que tengamos una fuerte motivación que nos lleve a examinarlas con más atención”. Así lo entiende al menos Evelio Martínez en el blog ‘Somos informívoros’, un portal donde se habla de psicología, sociología y crítica de la información.
Este experto recuerda también que “las historias coherentes son procesadas y recordadas más fácilmente: no obstante, que una historia sea coherente no quiere decir que sea correcta”. Si montamos bien la historia, si la adornamos en un portal creíble, tiene más posibilidades de calar, pero… ojo, no tiene porque ser verdad.
Por eso, ante el desmesurado volumen de datos e informaciones el periodista, tradicional o digital, tiene una labor más determinante aún: hacer un periodismo riguroso, basado en el contraste de datos y en desenmascarar lo que se quiere ocultar. Aquí nos sumamos a las palabras del que fuera director adjunto de El País y responsable de informativos de Canal + y CNN +, José María Izquierdo: “Seleccionar y jerarquizar son las razones por las que los periodistas servimos de algo”.
Hay que seguir defendiendo la pulcritud de la labor periodística tradicional, pero este también debe amoldarse a la información 2.0 por muchas razones: es más directa, sin intermediarios con el lector, permite opinar libremente y ser escuchado. Pero debe hacerlo como marca su código ético: generando confianza, con honestidad y respeto, siendo transparente y siempre con calidad y fidelidad a la verdad.

2

La red de redes es democracia, pero también debe tener sus normas y sus reglas porque no todo vale. Incluso se empiezan a penar los insultos que muchos lanzan utilizando altavoces que creen anónimos. Ya se han dado las primeras sentencias que recuerdan que injuriar no sale gratis, independientemente del formato. A principios de mayo un juzgado de los Penal condenaba a un joven por lanzar insultos en Twitter contra la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, tras levantarse el campamento del 15M en Sol. Al término del juicio, la denunciante aseguró que esta sentencia “demuestra que lo que es delito en la vida real también lo es en la vida virtual. No puede salir gratis insultar o amenazar a todo el mundo ocultándose en las redes sociales”.
Con todos estos argumentos, volvemos a la pregunta de origen: ¿Estamos más informados gracias a Internet? Y nuestra respuesta vuelve a ser la misma: Sí, pero cuidado porque no es cierto todo lo que se cuenta en las redes sociales.

Pin It on Pinterest

Shares
Share This

Suscríbete a nuestro boletín

Únete a nuestra lista de correos para recibir las últimas noticias y novedades de nuestra empresa

 

You have Successfully Subscribed!